Octubre 2026
Alcalá de la Selva volvió a demostrar que hay jornadas que empiezan mucho antes del primer golpe y que terminan mucho después del último putt.
Durante toda la semana, el cielo había mantenido en vilo a media España. Las previsiones hablaban de lluvias extremas, las alertas se sucedían y, a medida que se acercaba el fin de semana, la celebración del IV Torneo de Golf Pilusión parecía estar cada vez más en manos de la meteorología.
Pero finalmente, el golf pudo con la incertidumbre.
Y el torneo se celebró.
Y no solo se celebró: volvió a convertirse en una de esas jornadas que cuesta explicar cuando uno no ha estado allí.
Mucho más que un torneo
Porque detrás de cada edición del Torneo Pilusión existe una misión que da sentido a todo lo demás: utilizar el deporte, la amistad y la generosidad para ayudar a quienes más lo necesitan y convertir una jornada de celebración en una oportunidad para contribuir a una buena causa.
Ese espíritu solidario es el verdadero punto de partida del torneo. El golf y el pádel son el escenario; la competición, la excusa; y la colaboración de participantes, organización, patrocinadores y amigos, lo que permite que el esfuerzo colectivo tenga un impacto que va mucho más allá de las pistas y del campo.
Por eso, en Pilusión ganar importa.
Pero conseguir que todos ganemos un poco más también.
Aunque oficialmente el torneo comenzaría al día siguiente, para muchos participantes la competición empezó ya el viernes por la tarde.
La llegada de invitados y jugadores fue llenando poco a poco La Virgen de la Vega y Alcalá de la Selva de conversaciones, reencuentros y saludos.
Las casas de la zona se convirtieron en improvisados puntos de recepción. Hubo aperitivos, encuentros entre amigos, primeras conversaciones y, cómo no, las inevitables estrategias de capitanes.
Porque en Pilusión se viene a disfrutar.
Pero también se viene a ganar.
Y cuando dos equipos se enfrentan, nadie quiere ser el que al día siguiente tenga que escuchar aquello de:
"Ya te lo dije..."
La noche del viernes sirvió para recuperar amistades, hacer nuevas alianzas y preparar lo que prometía ser una intensa jornada de golf.
Muy temprano, cuando buena parte de los participantes todavía estaba terminando de desayunar, el campo ya estaba en marcha.
El equipo de staff y organización comenzaba a preparar cada detalle para que, cuando llegaran los jugadores, todo estuviera listo.
Y el campo respondió.
Las lluvias de los días anteriores, que durante toda la semana habían sido motivo de preocupación, terminaron ofreciendo una inesperada recompensa: unas condiciones extraordinarias para la práctica del golf de montaña.
El verde lucía espectacular, el terreno estaba vivo y el paisaje de La Virgen de la Vega volvía a recordar por qué jugar al golf aquí tiene algo diferente.
Golf, sí.
Pero también montaña, naturaleza y paisaje.
La inauguración del torneo corrió a cargo de la Excelentísima Alcaldesa de Alcalá de la Selva, que fue la encargada de dar la bienvenida oficial a todos los participantes e invitados.
Una bienvenida que volvió a poner de manifiesto una de las grandes señas de identidad de Alcalá de la Selva: su hospitalidad.
Porque si algo caracteriza a este lugar es precisamente esa capacidad para conseguir que quien llega como visitante termine sintiéndose, aunque sea por unos días, parte de la casa.
Y con el torneo oficialmente inaugurado, llegó el momento de hacer lo que todos habían venido a hacer.
Jugar.
Pero el IV Torneo de Golf Pilusión cuenta con un complemento que contribuye de manera decisiva a hacer de la jornada una experiencia mucho más completa.
El pádel.
La proximidad de las pistas a la casa club permite que los acompañantes y aquellos participantes que no están en ese momento sobre el campo puedan seguir disfrutando de la competición y, además, convertirse en protagonistas.
Durante la jornada se disputaron emocionantes partidos de pádel en una modalidad por tiempo, un formato especialmente dinámico pensado para fomentar la participación y facilitar una clasificación progresiva hasta alcanzar la gran final.
El sistema permite que nadie tenga que quedarse al margen.
Mientras unos están en el campo de golf, otros pueden estar disputando su propio torneo en las pistas. Y quienes terminan su partido tienen la posibilidad de acercarse a seguir el desarrollo del golf o animar a los jugadores de pádel.
Una fórmula sencilla pero muy eficaz para conseguir que la jornada permanezca viva en todo momento.
Y si alguien pensaba que el pádel iba a ser simplemente un entretenimiento para acompañantes, pronto pudo comprobar que estaba muy equivocado.
A medida que avanzaba la competición, el nivel fue subiendo de manera espectacular.
La clasificación dejó sobre las pistas a jugadores perfectamente preparados, con un altísimo nivel de juego, intensidad y una evidente preparación previa.
La final no fue, por tanto, un simple trámite.
Fue el resultado de una auténtica competición.
Y eso volvió a demostrar que en Pilusión hay una constante que se repite en todas sus disciplinas:
aquí se viene a disfrutar, pero nadie regala nada.
Sobre el campo se vivió una competición de máxima intensidad.
La rivalidad entre los dos equipos fue creciendo golpe a golpe, hoyo a hoyo y tarjeta a tarjeta.
Eso sí: siempre dentro de ese particular código de caballeros que permite competir con enorme intensidad sin perder nunca el sentido del humor.
Aunque, seamos sinceros...
A ninguno le gusta perder.
Ni al golf.
Ni al pádel.
Ni a las canicas.
Y mucho menos al IV Torneo de Golf Pilusión.
Mientras los jugadores se empleaban a fondo, participantes e invitados pudieron disfrutar también de una selección de manjares y atenciones que hicieron que la espera entre golpes y resultados fuese mucho más llevadera.
Uno de los grandes valores de este torneo es precisamente que la competición es solo una parte de la historia.
Porque detrás de cada golpe hay una conversación.
Detrás de cada partida, una amistad.
Y detrás de cada equipo, muchas personas que hacen posible que todo funcione.
José y Juan pusieron todo su empeño para que la jornada saliera adelante y su colaboración fue, una vez más, fundamental para el éxito del torneo.
Y si algo volvió a quedar patente fue que los grandes eventos no se construyen únicamente con grandes ideas.
Se construyen cuidando los pequeños detalles.
Con el torneo terminado comenzó otra competición.
La de esperar los resultados.
Mientras se efectuaba el recuento de las tarjetas, los jugadores e invitados aprovecharon para reponer fuerzas con abundantes refrigerios.
El sol apretaba.
Y la espera se hizo, como suele ocurrir cuando uno quiere conocer un resultado, algo más larga de lo deseable.
Por suerte, la organización volvió a estar a la altura.
Atenta, generosa y pendiente de los detalles, consiguió que no faltara prácticamente nada y que los participantes pudieran disfrutar de esos momentos posteriores al juego sin preocuparse por nada más.
Porque esa es otra de las diferencias de Pilusión:
la organización no se limita a organizar un torneo. Se ocupa de que la gente esté bien.
Y llegó uno de los momentos más esperados de la jornada: la comida.
El escenario fue, una vez más, el Hostal La Vega.
Felisa y todo su equipo volvieron a demostrar por qué son una parte esencial de esta historia.
La comida puso el broche gastronómico a una jornada que ya había sido extraordinaria y consiguió algo que parecía difícil después de tantas horas de actividad:
que todo el mundo terminara todavía con ganas de seguir celebrando.
Buen ambiente, conversación, risas y, finalmente, esa sensación compartida de haber vivido algo especial.
Pero todavía quedaba el último acto.
La rifa.
Y para conducirla, una garantía de espectáculo: Patri, profesional de la materia, que convirtió el reparto de regalos en mucho más que un simple sorteo.
Ingeniosa.
Divertida.
Sorprendente.
Y con esa capacidad para mantener a todo el mundo pendiente de lo que iba a ocurrir a continuación.
Los patrocinadores demostraron una vez más su enorme generosidad, haciendo posible que el reparto de regalos fuese prácticamente generalizado.
Hubo premios, sorpresas, risas y, sobre todo, muchas caras de satisfacción.
Un evento como este no sería posible sin quienes deciden apostar por él.
Los sponsors y patrocinadores volvieron a mostrar su satisfacción por el resultado de la jornada y, lo que es todavía más significativo, su disposición a repetir la experiencia el próximo año.
Su apoyo convierte una idea en una realidad.
Pero también contribuye a mantener vivo algo mucho más importante: el espíritu solidario que da sentido al Torneo Pilusión.
A todos ellos, gracias.
Por confiar.
Por aportar.
Por acompañarnos.
Y por entender que patrocinar Pilusión no consiste únicamente en poner un nombre o una marca junto a un torneo.
Consiste en formar parte de una historia. San Juan De Dios
Cuando finalmente terminó la jornada, quedaron muchas cosas.
Quedaron los resultados.
Quedaron los premios.
Quedaron las fotografías.
Quedaron las anécdotas que seguramente se repetirán durante meses.
Pero, sobre todo, quedó algo mucho más difícil de conseguir:
las ganas de volver.
Los patrocinadores ya han mostrado su intención de repetir.
Los participantes seguramente tendrán algo que decir sobre la próxima edición.
Los capitanes empezarán pronto a pensar en nuevas estrategias.
Y alguien, en algún momento, volverá a recordar aquella partida, aquel golpe imposible, aquel partido de pádel ganado por unos pocos minutos o aquel putt que cambió el resultado.
Porque eso es Pilusión.
Un torneo de golf, sí.
Pero también una reunión de amigos, una celebración, una oportunidad para compartir, una muestra de generosidad y una forma de hacer comunidad alrededor de una buena causa.
Y quizá por eso, después de cuatro ediciones, el torneo ya no sea simplemente un torneo de golf.
Sea una cita que muchos esperan.
Una cita que merece repetirse.
Y una cita que, por cuarto año consecutivo, volvió a demostrar que cuando se juntan solidaridad, amistad, golf, pádel, generosidad y un lugar como La Virgen de la Vega, el resultado difícilmente puede salir mal.
Nos vemos en el V Torneo de Golf Pilusión.